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Estructura de madera laminada en forma de pórtico ante el teatro de CLT en el paisaje británico
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19 de junio de 2025
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Paula Cárdenas Giménez

Un teatro de CLT: una construcción sostenible en el paisaje británico

  • Proyecto de Tuckey Design Studio
  • Fotografía: Jim Stephenson y Nick Dearden

En el corazón del campus rural de Horris Hill School, cerca de Newbury, en Berkshire, se levanta el David Brownlow Theatre, obra de Tuckey Design Studio, el estudio de Jonathan Tuckey, que reinterpreta el teatro escolar como un espacio cívico y pedagógico. Nació de un concurso restringido que el estudio ganó en 2016, abrió sus puertas a los alumnos en otoño de 2020 y lleva el nombre de lord David Brownlow, su principal benefactor.

Horris Hill es un colegio de día y de internado para niños de 4 a 13 años, repartido en 34 hectáreas. El teatro ocupa el lado oeste del campus, donde antes había una cabina prefabricada de los años setenta y un aparcamiento sin carácter. Más que levantar un objeto nuevo, el edificio repara ese fragmento del conjunto y entabla un diálogo respetuoso con su entorno histórico y natural: los edificios de ladrillo del colegio, el arbolado, los campos de juego.

El teatro, con capacidad para 160 espectadores, se compone de tres elementos: el auditorio interior, un anfiteatro al aire libre y un pórtico que enmarca la entrada principal. Al norte, el pórtico, una alta estructura de madera vista, señala la llegada y activa una nueva plaza cívica dentro del campus; sirve además de cartelera para anunciar las funciones y de pequeño lugar de reunión. Donde hubo coches, ahora hay un umbral.

En el lado sur, el anfiteatro prolonga el escenario hacia el bosque y los campos de deporte con bloques de madera apoyados sobre una ladera de césped. Es una pieza casi imperceptible, más paisaje que edificio. Esta disposición busca fomentar la interacción entre estudiantes y comunidad: fuera del horario escolar, el teatro se abre a grupos y clubes de teatro de la zona, y el edificio prolonga su vida más allá de las aulas.

La materialidad del proyecto es coherente con su contexto y con sus objetivos. La estructura principal es de madera contralaminada (CLT), un sistema de grandes paneles prefabricados que acortó el tiempo de obra y redujo el carbono incorporado: unas 40 toneladas de CO₂ menos que una construcción tradicional de bloques. El edificio, además, está pensado para ventilarse de forma pasiva.

El revestimiento exterior es de Viroc, un tablero de partículas de madera y cemento, en un tono rojizo y terroso que conversa con el ladrillo de los edificios vecinos y con el bosque cercano. Los paneles se cortaron a máquina fuera de la obra para reducir desperdicios y se montaron a mano, una instalación modular que optimiza recursos y tiempos. En ÁBATON, el CLT es también la materia del Proyecto V-E, dos aguas en CLT.

En el interior, la estructura de CLT queda a la vista, forrada con listones de haya que generan una textura cálida y mejoran la acústica. Paneles acústicos gris claro absorben el sonido, y el suelo es de Viroc negro pulido. Sobre la sala, el techo ondulado, pintado de un azul profundo que evoca el cielo nocturno, fue modelado acústicamente para proyectar la voz desde el escenario hacia el auditorio.

Las fotografías de Jim Stephenson y Nick Dearden muestran la sala en uso: alumnos sentados en las gradas de madera alrededor del escenario, otros asomados a un palco, ventanas que recortan el arbolado entre los paneles. El interior no se cierra del todo al paisaje; lo deja entrar a fragmentos, como un decorado más.

El diseño se inspira en referencias históricas reinterpretadas en un lenguaje contemporáneo: las localidades de pie de los teatros Tudor, el proscenio y la columnata clásicos, ciertos motivos de la arquitectura eclesiástica del Renacimiento. El estudio cita también The City of Collective Memory, de Christine Boyer, y piensa el teatro como un escenario para la vida cotidiana.

Esa fusión de referencias busca un espacio que, más allá de su función escénica, actúe como catalizador de experiencias colectivas y memorias compartidas. No se trata de citar el pasado, sino de recordar que el teatro es una de las formas más antiguas de reunirse, y de dar a un colegio la escala de una pequeña ciudad. Otro auditorio académico británico reseñado en este Journal, el que Níall McLaughlin Architects firmó para un campus de Oxford, comparte esa vocación de sala común.

El David Brownlow Theatre ejemplifica cómo la arquitectura puede enriquecer el entorno educativo y fortalecer los lazos comunitarios. Construido sobre lo construido —el estudio habla de building on the built—, el teatro no borra el campus: lo completa. A través de una intervención sensible y técnicamente rigurosa, Tuckey Design Studio ofrece un espacio que celebra la cultura, la construcción sostenible y la identidad del lugar.