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Gramíneas doradas y setos recortados ante las cubiertas de madera del Suffolk walled garden
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20 de marzo de 2025
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Paula Cárdenas Giménez

Suffolk walled garden: un proyecto de paisajismo naturalista

  • Fotografía de Colm Joseph Gardens

En el condado de Suffolk, cerca de la costa este de Inglaterra, un viejo jardín amurallado victoriano ha vuelto a llenarse de vida. Dentro de sus muros de ladrillo, junto a una casa moderna, el paisajista Colm Joseph ha plantado un jardín naturalista que no imita el pasado ni lo borra: lo deja hablar a media voz, entre gramíneas, abedules y umbelas blancas.

El proyecto recibió el premio del público en los Society of Garden Designers Awards 2025, el galardón de la sociedad británica que no otorga un jurado, sino el voto del público. Quienes lo votaron destacaron la habilidad con que el jardín se modula a lo largo de sus espacios, una plantación llevada con maestría y que ofrece interés durante todo el año. Y una frase sencilla que lo resume: es un jardín con el que uno querría vivir.

El proyecto de paisajismo en su contexto histórico

El jardín se asienta en un lugar histórico de East Suffolk, y el reto era claro: introducir una casa y un modo de vida contemporáneos sin perder la esencia de un recinto victoriano cerrado por ladrillo. Joseph lo resolvió con un recorrido a través de tres espacios enlazados, cada uno con su propia identidad pero coherentes como conjunto. Quienes lo votaron subrayaron precisamente eso: la suavidad con que se pasa de uno a otro.

Los abedules son los que dibujan esas habitaciones. Sus troncos blancos levantan paredes que no cierran: a la altura de los ojos el jardín sigue siendo transparente, y las vistas se enmarcan y se filtran en lugar de interrumpirse. Entre ellos, caminos de grava serpentean entre la plantación y unen los lugares de llegada, de modo que el paseo nunca es una línea recta, sino una sucesión de pausas.

El propio Joseph define el proyecto como un diseño guiado por la plantación: una vegetación naturalista y contemporánea dentro de un antiguo jardín victoriano, que contrasta con sus paredes y, al mismo tiempo, las completa. Su intención era un jardín imaginativo, ligado al paisaje de Suffolk, de apariencia engañosamente sencilla, sereno y reposado.

La paleta es contenida y precisa. La Euphorbia schillingii enciende de amarillo verdoso el pie de los muros; el Cenolophium denudatum abre sus umbelas blancas, ligeras como encaje, a contraluz entre los troncos; la Sesleria autumnalis teje un tapiz bajo y continuo. Sobre ese fondo asoman los bulbos, como el Allium atropurpureum, y se levanta la Calamagrostis ‘Karl Foerster’, que no se corta en invierno para que sus espigas sigan en pie con la escarcha. Pinos enanos completan la estructura. Ante la fachada de la casa, en cambio, la plantación se reduce a gramíneas ornamentales y haya recortada: un umbral sobrio que prepara el desorden medido del interior.

Los muros de ladrillo siguen siendo el telón de fondo de todo el jardín, y la obra nueva habla con ellos en su mismo tono. En la zona de estar, el pavimento es de adoquín de arcilla, cuyo color repite el de las viejas paredes, de manera que el suelo parece una prolongación del muro tendida al sol. Allí se dispone el comedor exterior, con mesa y sillas de la colección Palissade de HAY, bajo las copas ligeras de los abedules.

Las construcciones de madera que aparecen entre la plantación, con sus tablas y sus cubiertas sencillas, se dejan envolver por la pradera de flores y por las gramíneas doradas. Ninguna pieza reclama protagonismo: la arquitectura se limita a ofrecer un lugar donde sentarse y mirar cómo cambia el jardín a lo largo del día.

En el Journal hemos seguido la obra de este paisajista en Colm Joseph: el jardín que escucha al prado, y la tradición naturalista británica en la mirada de Dan Pearson. Es la misma búsqueda que guía nuestros jardines naturalistas: plantaciones que cambian con las estaciones y acompañan a la arquitectura sin competir con ella.