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19 de enero de 2018
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Pedro Ferrer

Recetas minimalistas para sobrevivir a un mundo gris.

Dormitorio gris del proyecto Sense con cama sobre tarima de madera y racimo de lámparas de papel

¿Cómo crear un ambiente acogedor si prescindimos de los tonos cálidos? ¿Podría una mezcla de grises quitarnos las ganas de huir ipso facto en busca de naturaleza o de escaparates rebosantes de color?

Cama baja con colcha gris sobre base de madera y mesilla redonda en un dormitorio de paredes de estuco

Pues la verdad es que sí. La diseñadora ucraniana Natalie Dubróvska ha logrado convertir un apartamento de 150 metros cuadrados en un oasis zen con una paleta de colores apagados y abundante minimalismo.

Dormitorio minimalista en Copenhague con cama baja de madera, lámparas de papel colgantes y ventanales

Su proyecto «Sense» ha vestido con elegancia una vivienda del centro de Copenhague a base de texturas, materiales naturales y reflejos dorados. Pero también con una cuidadosa selección de muebles contemporáneos que armonizan con la propuesta cromática.

Celosía dorada calada colgada junto a una ventana en un interior blanco del proyecto Sense

Dormitorio del proyecto Sense con cama blanca sobre base de madera, banco bajo y cortinas de lino

Desde su estudio de interiorismo en Kiev, Natalie sugiere vestir el espacio con la mínima cantidad de objetos y materiales, sacando todo el partido posible a cada elemento. En este caso, a base de hormigón, terrazo y detalles de latón con uno o dos acentos de color en cada estancia.

Ventanal con banco bajo bajo el alféizar y butacas de terciopelo rojizo en el piso Sense de Copenhague

Así, por ejemplo, las tres lámparas de papel Formakami –del español Jaime Hayón– agregan volumen y delicadeza a una cama muy sencilla, también de inspiración oriental. Aunque la combinación más audaz la encontramos en el baño, donde la arriesgada bañera de hormigón convive en buena vecindad con el terrazo del suelo y los lavabos suspendidos. El latón, con su dorado sin estridencias, insufla vida a la grifería y a la mesita Slit Table de Hay, que parece casi una escultura.

Tres lámparas colgantes de papel blanco de Jaime Hayon con aros negros sobre fondo gris

Bañera exenta de piedra gris con grifería dorada y una mesita de latón con lámpara de globo

Baño del proyecto Sense con bañera de piedra oscura, lavabo blanco alargado y armarios empotrados

Lavabo de piedra clara volado con grifería dorada empotrada y espejo enmarcado en latón

Como elemento unificador, encontramos esta aleación tan atractiva en otros rincones de la casa: desde las refinadas celosías de las contraventanas (que evocan el trenzado del ratán) hasta la mesa auxiliar Mezcla JH19 de Hayón, contenido entre el nogal macizo y la base de acero con recubrimiento burdeos.

Baño con lavabo de piedra oscura bajo espejo de latón y ventanales con vistas a la calle

Pareja de butacas de terciopelo teja ante un círculo en relieve en la pared y suelo de tablas envejecidas

Es precisamente aquí, en la zona de estar, donde Natalie Dubróvska se permite su nota de color más potente. Dos rotundas butacas de Milo Baughman nos transportan de inmediato a los años 60 con esas tres patas robustas y su contorno envolvente. Y sobre ellas, la lámpara blanca del danés Jørn Utzon –otro icono del diseño– equilibra el furor cromático pasajero. La ucraniana rinde con este proyecto su particular homenaje al diseño escandinavo, tan funcional y elegante, y demuestra que la ausencia de colores vivos (o más bien su administración en pequeñas dosis) no está reñida con la felicidad.

Mesita cilíndrica de latón junto a la bañera de piedra, con banco bajo la ventana al fondo

Rincón del proyecto Sense de Natalie Dubróvska con dos butacas rojizas, mesita y lámpara de papel colgante