
Paisajismo del Proyecto Valladolid
- Paisajismo ÁBATON
En el Proyecto Valladolid el jardín no rodea la casa: la casa se apoya en el jardín. El encargo nos pedía una vivienda sostenible de una sola planta, y la pendiente de la parcela y las vistas al encinar cercano decidieron la orientación. Empezamos el paisajismo en ese mismo plano, como una envolvente vegetal que crece pegada a las fachadas y llega hasta el cristal.
«Este es uno de los proyectos de paisajismo más personales y especiales.»
Esa proximidad es la decisión clave. Las ventanas correderas de los dormitorios abren directamente sobre una pradera de lavanda y salvia; el salón, al sur, sobre la piscina y los sauces. No hay franja de grava ni zona de transición: la plantación empieza donde termina el suelo interior, y la privacidad la dan las plantas, no las tapias.
Organizamos la paleta por épocas de floración para que siempre haya algo abierto. Más de sesenta variedades, entre ellas Phlomis russeliana, cuyos verticilos amarillos se secan en pie y aguantan todo el invierno; Stipa tenuissima, la gramínea que se mueve con cualquier brisa; Salvia nemorosa ‘Caradonna’, de espiga morada casi negra; y Nepeta, que se desborda sobre los caminos. En las zonas de sombra cambia el registro: arces japoneses y rododendros junto a un camino de hormigón claro, y unos pasos de piedra bajo una glicinia que lleva a la pérgola.
El agua tiene su propio jardín. La piscina, con valla de madera y un sauce llorón, queda rodeada de lavanda y perennes hasta el borde, con losas sueltas entre la plantación para llegar descalzo.
Son especies resistentes que, una vez arraigadas, piden poco riego, y el jardín ha ido ganando espesor con los años. Para quienes lo habitan es, además, la razón de la casa: el motivo por el que se eligió la parcela y lo primero que se ve al despertar.






