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9 de febrero de 2018
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Pedro Ferrer

Los desiertos fotográficos de Luca Tombolini.

Cuando veo paisajes desolados, siempre me viene a la memoria Pedro Páramo. Nadie como Rulfo para retratar esa huella de desolación física y humana de los eriales mexicanos. Porque el desierto representa el silencio, el tiempo detenido, la soledad…

Duna de arena rosada con una cresta suave bajo un cielo pálido, de la serie de desiertos de Luca Tombolini

Sin embargo, hay artistas como el fotógrafo Luca Tombolini para los que ese vacío representa una fuente de inspiración inagotable. De hecho, este milanés autodidacta lleva recorriendo zonas desérticas en solitario desde 2011 para capturar la poesía que encierran. Mediante un juego especial de texturas, luces y colores pastel, sus fotografías de gran formato logran sumergirnos en la parte más positiva y onírica de este particular universo en paz.

Cono volcánico oscuro sobre una llanura blanca bajo un cielo azul liso, fotografía de Luca Tombolini

Montaña de laderas rojizas y grises en un paisaje desértico fotografiado por Luca Tombolini

Además de su mero valor estético, Tombolini quiere destacar la importancia de la experiencia vital en sí misma. De las horas de contemplación y de búsqueda del instante preciso que haga prender la magia. Según él, las áreas remotas que inmortaliza le ayudan a meditar, a analizar cómo los valores de nuestra civilización se desvanecen ante una naturaleza tan sorprendentemente rica y fascinante.

Frente de hielo agrietado y bloques flotando sobre agua en calma, fotografía de Luca Tombolini

Cono de montaña de tonos rosados y ocres bajo un cielo azul con nubes, fotografía de Luca Tombolini

Ya sea con la aridez del oeste de Estados Unidos o con tierras más pródigas en colorido –aunque igual de despobladas¬–, como Islandia, Marruecos o incluso España, consigue emocionarnos con unos paisajes puros y sencillos, reducidos a lo esencial. Las moles de arena infinita cortada a cuchillo rivalizan así con cerros helados donde el musgo es el único indicio de vida.

Ladera de ceniza negra con vetas de nieve blanca bajo un cielo claro, fotografía de Luca Tombolini

Rocas blancas y redondeadas emergiendo de un agua turquesa muy clara, fotografía de Luca Tombolini

Vista aérea de un río trenzado entre arenas negras junto a una laguna helada, de Luca Tombolini

Son instantes de tiempo estancado, de exaltación de ese mismo tiempo que ha ido horadando las rocas durante siglos hasta pulir moles en dudoso equilibrio. De hielo y de agua, de ríos que una vez fueron caudalosos y que ahora no son más que un mero recuerdo de su antigua vanidad.

Formación de sal o roca blanca de superficie rugosa ante un cielo azul pálido, de Luca Tombolini

Montañas de suelo coloreado con manchas de nieve en un paisaje de altura, fotografía de Luca Tombolini

Valle con una montaña rosada al fondo y un arroyo entre laderas de musgo, fotografía de Luca Tombolini

Detrás de cada una de sus fotografías hay también cierta dosis de riesgo y sacrificio, ya que Luca Tombolini necesita «vivir» los paisajes: se adentra en ellos solo con su 4×4 y pasa allí días y noches hasta encontrar el enfoque preciso, la mejor panorámica y el momento ideal para el disparo. Se convierte así en un nómada cazador de horizontes, transformando unas simples dunas en algo sublime lleno de sensibilidad.

Grieta entre rocas blancas con un agua turquesa al fondo, fotografía de Luca Tombolini

Laderas verdes que caen sobre un lago azul claro bajo la niebla, fotografía de Luca Tombolini

Textura de superficie rosada con vetas ocres vista de cerca, de la serie de desiertos de Luca Tombolini