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19 de abril de 2019
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Pedro Ferrer

La Casa del Sapo, un paraíso lleno de naturaleza en la costa oaxaqueña

En Zapotengo, a medio camino entre una laguna y el Pacífico, la Casa del Sapo es el resultado de un proyecto comunitario dentro del estado mexicano de Oaxaca. Diseñada por Espacio 18 Arquitectura, su programa pretende mimetizar al máximo la construcción con el entorno.

Vista aérea de la Casa del Sapo con sus volúmenes de hormigón, cubiertas de teja y piscina, Oaxaca

Se parte de dos volúmenes dispuestos en forma de mariposa, lo que genera patios triangulares. Una de las alas se orienta hacia el océano y el amanecer, mientras que la otra se despliega en busca del ocaso. La primera alberga el dormitorio principal, una pequeña cocina y un comedor que conduce a la piscina de horizonte infinito. La segunda cuenta con otro dormitorio y una escalera exterior de peldaños suspendidos para acceder a las dos azoteas.

Terraza de baldosa cerámica abierta al Pacífico al atardecer en la Casa del Sapo de Oaxaca

Piscina alargada junto a una pérgola de cañas sobre la costa del Pacífico en la Casa del Sapo, Oaxaca

Estar abierto de hormigón y madera bajo una pérgola de cañas en la Casa del Sapo de Espacio 18 Arquitectura

Respecto a los materiales, el equipo prefirió un diseño cálido y austero que se integrara bien en el paisaje mexicano. Por ello encontramos ladrillos de terracota en espiga o en aparejo normal en los suelos de las terrazas, piedras extraídas de un río cercano dentro del hormigón visto sin pulir o puertas de madera local en acordeón que regulan la privacidad y la entrada de luz a la vivienda. Por último, un dosel de acero y ramas protege buena parte del exterior de los rigores del sol.

Volumen de hormigón visto con hamaca y pérgola de cañas sobre un patio de ladrillo en la Casa del Sapo

Piscina de borde infinito sobre el Pacífico vista bajo la pérgola de cañas de la Casa del Sapo, Oaxaca

Contraventanas plegables de madera abiertas sobre un nicho de hormigón y pavimento de ladrillo en espiga

Hay que destacar también que, debido a las restricciones forzadas por la pandemia, parte del proceso de construcción se dejó en manos de los trabajadores locales, que imprimieron su experiencia en el equipamiento interior, carente de lujos pero sumamente funcional.

Hueco de hormigón visto con celosía de madera, ventana redonda y cuencos de barro en la Casa del Sapo

Según Espacio 18, la casa es un viaje multisensorial por las diferentes texturas de las materias primas y el paisaje, desde la costa oaxaqueña hasta las tonalidades terrosas del interior; «dos piedras que ven el mar anhelando su atemporalidad».

Volúmenes de hormigón entre un árbol y cactus con el mar al fondo en la Casa del Sapo de Oaxaca

Hamaca y pilar de hormigón sobre la grava con el Pacífico al fondo en la Casa del Sapo, Oaxaca

Pasillo de hormigón visto con puertas de madera y lámpara de fibra en la Casa del Sapo, Oaxaca

Concebida en un principio solo como vivienda de alquiler vacacional por sus propietarios –Paulina y Mario–, la Casa del Sapo se ha ido convirtiendo en un lugar de encuentro comunitario, donde los niños pueden aprender diferentes materias, como cuidar de su propio huerto o ayudar a liberar en el mar las tortugas golfinas que van naciendo en la playa. Todo un paraíso lúdico y sostenible.

La Casa del Sapo entre la vegetación seca sobre la playa del Pacífico en Oaxaca, México

Vegetación sobre el terreno en penumbra junto a la Casa del Sapo, en la costa oaxaqueña

Plantas de la Casa del Sapo de Espacio 18 Arquitectura, con sus volúmenes dispuestos en forma de mariposa