JUVET LANDSCAPE HOTEL
En Noruega. Cada habitación es una casita independiente y algunas tienen 2 de las fachadas de vidrio. El paisaje donde está enclavado el hotel es, para muchos, un lugar increiblemente bello y variado y la topografía del terreno ha contribuido a que ninguna habitación esté encima de otra, por lo que cada habitación tenga su propia vista. Arquitectos: JSA Superficie: 800m2

En el Juvet, cada habitación es una casa y cada casa tiene su propio paisaje. Esa idea de alojarse dentro del lugar, y no frente a él, recorre otros hoteles y refugios del archivo del Journal, de los Alpes al Masái Mara.
Hotel Everland, de L/B
Una sola habitación, para una sola noche. El comisario Gianni Jetzer ideó Everland para la Exposición Nacional Suiza de 2002; sus diseñadores, L/B (Sabina Lang y Daniel Baumann), lo levantaron en Burgdorf y después lo trasladaron al lago de Neuchâtel. Tras la Expo volvió a Burgdorf, sobre el estudio de sus autores.
Dentro, una cama grande, un baño y una sala de estar con minibar y colección de vinilos. Entre 2006 y 2009 se posó sobre la azotea del Museo de Arte Contemporáneo de Leipzig y sobre el tejado del Palais de Tokyo, en París: abierto al público en horario de museo, reservado a sus huéspedes por la noche. Después regresó a Suiza.
Hotel Aire de Bardenas, de Emiliano López y Mónica Rivera
En medio de un campo de cereal, muy cerca del parque natural de las Bardenas Reales, Emiliano López y Mónica Rivera construyeron en 2008 un hotel de una sola planta que se funde con un paisaje austero. Pequeños cubos repartidos por el terreno traen paz y silencio al entorno desértico, y los espacios se ordenan en torno a un patio central que los protege del cierzo, que azota la zona en invierno y a comienzos de la primavera.
Con un presupuesto escaso, los arquitectos recurrieron a la prefabricación y a una combinación insólita de alta tecnología industrial y elementos humildes: cajas de madera recicladas que visten la fachada principal y lo mimetizan con el entorno.
Fotografías: Víctor Lax
Naibor, en Masái Mara
A orillas del río Talek, en la reserva de Masái Mara (Kenia), Naibor recibe a sus huéspedes con una hilera de siete tiendas de campaña privadas unidas bajo un único toldo, que acoge el comedor, zonas de descanso y un spa al aire libre. De día, la reserva y su fauna salvaje; de noche, suelos de madera, camas amplias, sofás y alfombras de lana. Es un campamento, pero con el confort de un hotel.
Whitepod, en los Alpes suizos
En Les Cerniers, en los Alpes suizos, Whitepod propone otra manera de habitar la montaña: cápsulas geodésicas ancladas a plataformas de madera, de bajo impacto ambiental, en un entorno casi virgen. Cada una está aislada del frío y la nieve, con estufa de leña, ropa de cama orgánica, baño completo y una terraza abierta a los Alpes y al lago Lemán.
Son quince, reunidas alrededor de un chalé alpino de madera de principios del siglo XIX, donde se desayuna por la mañana y se conversa junto a la chimenea al caer el día.
Parque de Pedras Salgadas, de Luís y Tiago Rebelo de Andrade
En Vila Pouca de Aguiar (Portugal), en un parque centenario, Luís y Tiago Rebelo de Andrade diseñaron alojamientos de madera y pizarra que se deslizan entre los árboles como una serpiente en su hábitat. Esos materiales los vuelven casi invisibles: el protagonista sigue siendo el parque.
Nuevas técnicas, ensayadas antes en prototipos, permiten una construcción ligera y fácil de transportar. Cada casa tiene estudio, baño y cocina.
Fotografías: Ricardo Oliveira Alves
White Wolf Hotel, de AND-RÉ Architecture
En Penafiel (Portugal), el estudio de Oporto AND-RÉ planteó una arquitectura holística que reúne naturaleza, paz y reflexión. El hotel se divide en piezas de geometría sencilla: edificios blancos y austeros que se convierten en un telón de fondo neutro y limpio para el paisaje. Caminos subterráneos los conectan, a una cota desde la que se entienden la sutil topografía y la escala de los árboles.
La planta baja de cada edificio se envuelve en un vidrio continuo que ancla la construcción al lugar: es el espacio del día, expuesto a los cambios de luz. Arriba quedan las zonas íntimas, pensadas para la noche, con claraboyas sobre las camas que dejan ver un tapiz de estrellas.
Fotografías: AND-RÉ Architecture
V-Lodge, de Reiulf Ramstad Arkitekter
En Buskerud (Noruega), Reiulf Ramstad Arkitekter terminó en 2013 una cabaña para una familia de cinco personas, pensada para todo el año y para los cambios que traerán el tiempo y las generaciones futuras. Se apoya en una suave ladera, y su volumen crea pequeños microclimas con el mejor sol para la vida al aire libre, siempre a un paso del interior.
Torre de Palma, de João Mendes Ribeiro
En Portalegre (Portugal), João Mendes Ribeiro convirtió un conjunto agrícola en hotel del vino, respondiendo al nuevo programa sin traicionar la arquitectura del lugar. Los viejos edificios se rehabilitan con cambios mínimos —nuevas aberturas, alguna estructura, cubierta o revestimiento sustituidos— y lo nuevo adopta una identidad material común: estructura de hormigón, muros de mampostería y cubiertas de losa.
El patio principal se pavimenta con arcilla estabilizada, ceñida por un borde de mármol blanco de la región. Alrededor, cinco paisajes: un viñedo junto a la antigua acequia, un olivar junto a la nueva piscina, una huerta de hortalizas y aromáticas, otro huerto cerca de los almacenes y una pradera junto a los establos y el picadero.
Fotografías: Eduardo Nascimento y João Fôja
































