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26 de diciembre de 2016
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Pedro Ferrer

Ingá-mirim: una capilla abierta a la naturaleza paulista

A la hora de abordar un edificio religioso, la sencillez suele ser una gran aliada. Más aún si el paisaje circundante cuenta con árboles centenarios y una belleza natural extraordinaria. En estos casos, es recomendable aliarse con el entorno a través de una arquitectura mínimamente invasiva que ponga en valor las tradiciones locales.

Muro de celosía de ladrillo de la Capilla Ingá-mirim iluminado al anochecer entre los árboles, cerca de São Paulo

Interior de la capilla Ingá-mirim con muro de ladrillo calado, bancos de madera y una cubierta de listones al anochecer

La Capilla Ingá-mirim sintetiza todos estos principios. Situada en la periferia de la localidad de Itupeva, a unos 80 km de São Paulo, se levanta sobre los restos de una hacienda brasileña del siglo XIX.

Antigua casa de hacienda del siglo XIX de paredes blancas y teja entre eucaliptos, origen de la Capilla Ingá-mirim

Fue el estudio paulista messina | rivas quien recibió el encargo de reformar la antigua residencia para convertirla en un espacio religioso para la comunidad. Dado que contaban con una pequeña edificación ya existente, los arquitectos decidieron recuperar sus materiales para rendirle homenaje y brindarle un nuevo uso en medio del campo.

Pila de ladrillos recuperados de la hacienda para construir la Capilla Ingá-mirim, cerca de São Paulo

Solar de la Capilla Ingá-mirim durante la obra, con las cimentaciones sobre la tierra roja entre eucaliptos

La construcción se llevó a cabo con la colaboración de los hermanos Charles y Carlos, actuales cuidadores de la granja y con experiencia como albañiles. Así pues, la capilla fue tomando forma siguiendo el ritmo de las labores cotidianas: alimentar al ganado, cuidar de los caballos o cortar la hierba.

Muro de ladrillo calado de la Capilla Ingá-mirim entre la vegetación y las ramas de un gran árbol, São Paulo

Obra de la Capilla Ingá-mirim con cimentación y encofrados sobre la tierra roja y una plantación de eucaliptos al fondo

Se aprovechó la cimentación preexistente, disponiendo dos muros paralelos en su perímetro y un tercero de mayor longitud y perpendicular a los anteriores. Los tres se construyeron con pequeños bloques de piedra recuperados de un viejo camino de acceso a la hacienda. Lejos de compartimentar el espacio, el proyecto prevé amplias zonas de libre paso que comunican de manera diáfana cada corredor en los puntos de cruce.

Vista aérea de la Capilla Ingá-mirim entre la vegetación, con un lago y las colinas de la hacienda al fondo

Además, las paredes no representan auténticas barreras, sino simples trazos sobre el paisaje que se elevan como celosías, aislando solo el área de culto.

Mano apoyada en el muro de ladrillo calado de la Capilla Ingá-mirim, con el jardín visible entre las piezas

Un robusto altar de madera y una cruz definen la religiosidad del lugar con absoluto minimalismo. Más aún si pensamos que todos los ladrillos de esta área proceden de la antigua casa de labor.

Interior de la Capilla Ingá-mirim con altar de madera, cruz en el muro de ladrillo y cubierta de malla metálica

No hay, pues, zonas estancas, ni tan siquiera en el techo. Por ello, la capilla Ingá-mirim se adapta a los distintos actos religiosos, ofreciendo a la comunidad espacios de dimensiones y cualidades variadas, ideales para el recogimiento y la oración, pero también para la celebración festiva en plena naturaleza.

Vista cenital de la Capilla Ingá-mirim de messina | rivas, con sus muros en L de hormigón y ladrillo sobre el césped

Corte BB de la Capilla Ingá-mirim, con el muro de ladrillo calado y el perfil del terreno, de messina | rivas Corte AA de la Capilla Ingá-mirim de messina | rivas, con el muro bajo de ladrillo y el árbol sobre la ladera Planta de la Capilla Ingá-mirim, con los dos muros en ángulo recto y el espacio del altar, de messina | rivas