Edificio Morrison: viviendas colectivas que respetan el suburbio
- Arquitectura: BBOA - Balparda Brunel Oficina de Arquitectura
- Fotografía: Javier Agustín Rojas
El Edificio Morrison surge en Fisherton, un barrio suburbano al oeste de la ciudad de Rosario, Argentina, con una historia marcada por su origen ferroviario y por un tejido residencial de viviendas unifamiliares con jardines y cubiertas inclinadas.
BBOA asume este contexto como punto de partida: lejos de imponer, propone una arquitectura que responde al clima, al entorno y a la necesidad de densificación. El proyecto —finalizado en 2020— agrupa siete viviendas de 100 m² cada una, ideadas para multiplicar la densidad sin sacrificar identidad ni calidad de vida.
Volúmenes reconocibles, materialidad honesta
Cada unidad del complejo mantiene la tipología reconocible en la zona: cubierta a dos aguas, muros de ladrillo visto y estructura modesta.
Este uso del ladrillo como material principal responde a una voluntad de continuidad con la tradición constructiva local, dotando al conjunto de una coherencia formal que dialoga con las viviendas vecinas, sin estridencias ni rupturas abruptas.
La estructura se organiza en dos plantas: planta baja para espacios públicos, planta alta para dormitorios, articulados a través de un núcleo interior que concentra escaleras, cocina y servicios.
Diversidad dentro de la repetición
Aunque las viviendas comparten programa y superficie, BBOA genera variaciones sutiles —rotaciones, orientaciones, variaciones en huecos— de modo que ninguna casa se perciba como copia exacta de otra. Esta estrategia evita la monotonía y refuerza la idea de “perímetro libre”: todas las unidades tienen cierta amplitud y contacto visual con el exterior.
Además, el conjunto se articula alrededor de espacios intersticiales: jardines, pasillos, patios y zonas verdes que reactivan la escala humana y ofrecen privacidad sin aislar.
Interior domesticado: comodidad a escala humana
Dentro de cada vivienda, la distribución busca eficiencia sin complicaciones: espacios fluidos, estancias bien iluminadas, ventilación adecuada y materiales sobrios. El uso del ladrillo, la madera y la carpintería en tonos neutros refuerza una estética duradera y discreta.
Las viviendas no buscan el espectáculo —no hay grandes volúmenes ni artificios—, sino la sencillez bien medida: una propuesta doméstica consciente que entiende que la casa, antes que exhibirse, debe acomodar vida.
Densidad responsable, identidad conservada
El reto principal del proyecto era densificar una parcela sin perder las cualidades de barrio suburbano: vegetación, permeabilidad visual, identidad residencial. BBOA lo resuelve manteniendo la escala de las viviendas, respetando la estética local y generando espacios comunes que refuerzan la comunidad.
Así, el Edificio Morrison demuestra que aumentos de densidad no deben implicar pérdida de calidad espacial ni de coherencia urbana. Por el contrario: pueden ser oportunidad para redefinir lo colectivo sin renunciar a lo doméstico.