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Espacio alargado con vigas blancas, perfil naranja, mesa larga negra y cocina con barandilla verde
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16 de octubre de 2026
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Paula Cárdenas Giménez

Casa Nahinuena: la deseada entre el bosque y la roca

  • Arquitectura: BeAr
  • Fotografía: Luis Díaz Díaz

En la pronunciada ladera de Górliz (Vizcaya), el estudio BeAr construye una vivienda estrecha y alargada cuya respuesta formal nace directamente de la topografía del terreno. En Casa Nahinuena —‘la deseada’ en euskera— la madera local es el material único que recorre estructura, fachada e interiores, reduciendo la huella de carbono sin ceder en la calidez ni en la precisión.

‘Nahinuena’ significa ‘la deseada’ en euskera, y el nombre concentra toda la intensidad de este proyecto: una vivienda estrecha y alargada encajada en la pronunciada ladera de Górliz, en Vizcaya, que responde a su topografía con la precisión de quien lleva años escuchando el terreno. El estudio vasco BeAr firma un edificio que no lucha contra su lugar sino que lo habita desde la lógica de la pendiente, con apoyos colocados de forma minuciosa que buscan el estrato rocoso y evitan cualquier alteración innecesaria del suelo.

La vivienda se adapta al declive de la parcela mediante una secuencia de niveles que descienden con naturalidad, integrando el paisaje como material de proyecto. Desde cualquier punto del interior, la mirada encuentra el bosque cercano o el horizonte del mar Cantábrico. La relación entre la casa y el territorio no es decorativa: es estructural.

En Casa Nahinuena, la madera local lo impregna todo. Está presente en la estructura, los interiores, los exteriores, los suelos, los forjados y el mobiliario, constituyendo una unidad material que va más allá de la estética para responder a una lógica de mínima huella de carbono y máximo respeto por el entorno. BeAr ha explorado con precisión los límites de este material: secciones mínimas de madera aserrada que, combinadas mediante pórticos que trabajan a tracción, evitan pandeos sin necesidad de grandes escuadrías.

Los paneles de entramado ligero cumplen una doble función: estabilizan el conjunto estructural y se muestran visibles como fachada o revestimiento interior. No hay ocultación. El forjado se resuelve con vigas laminadas y un tablero de virutas de madera, solución que minimiza la cantidad de material empleado. Todo ello conforma una arquitectura que reduce el consumo sin renunciar a la calidez y a la presencia táctil que la madera aporta de forma natural.

Hay en Casa Nahinuena una ética que se hace forma. La decisión de usar madera local no es un gesto cosmético sino un compromiso con el territorio y con los modos de construir que tienen sentido en este contexto geográfico y climático. El norte de España ofrece la madera como recurso próximo, y BeAr la utiliza hasta sus últimas consecuencias: desde los cerramientos hasta el detalle interior, desde la estructura portante hasta el suelo que se pisa.

El resultado es una vivienda que se lee como un todo coherente. No hay contradicción entre lo que se ve y lo que sostiene el edificio, entre el exterior expuesto a la lluvia y el viento cantábrico y los interiores cálidos que invitan al recogimiento. Casa Nahinuena es, en este sentido, una arquitectura que no necesita explicarse: se habita y se comprende.