¡ARTE CON LEGO!
Hay materiales que parecen condenados a una sola cosa. El bloque de LEGO, de plástico brillante y encaje exacto, es para casi todo el mundo un recuerdo de infancia: una alfombra de piezas, un castillo a medias, un pie descalzo sobre una arista. Nathan Sawaya lo convirtió en otra cosa. Escultor con sede en Nueva York, trabaja a gran escala con ladrillos de juguete y ha elevado una pieza modesta a la categoría de arte.
Su estudio de Nueva York guarda alrededor de un millón y medio de piezas de colores, que son su paleta. Cada obra nace de esa gama cerrada, de más de treinta y cinco colores de bloques estándar, y de una disciplina casi monacal hecha de paciencia, medida y cálculo.

De los despachos al estudio
Sawaya nació en 1973 en Colville, en el estado de Washington, y se crió en Oregón. Estudió en la Universidad de Nueva York, se licenció en Derecho y ejerció como abogado en un bufete de la ciudad. Empezó a esculpir con LEGO por las noches, como un pasatiempo que fue creciendo hasta que, según contó, su página web se desbordó de visitas. En 2004 dejó el bufete y abrió su estudio.
Los primeros en reírse fueron colegas y directores de museo, que daban por hecho que hacía trenecitos y castillos. La respuesta de la obra fue más elocuente que cualquier defensa: una réplica de siete pies del puente de Brooklyn, un tiranosaurio a tamaño natural, un Han Solo congelado en carbonita de casi dos metros.

Yellow y el cuerpo abierto
La pieza que le dio fama, Yellow, es un hombre de tamaño natural que se abre el pecho con las manos mientras de su interior se derraman más de once mil bloques amarillos. Hay en ella algo de grito contenido y de metáfora: un cuerpo que se desmonta a sí mismo, una identidad que se descompone en unidades mínimas. Con ese gesto, el juguete dejó de ser un objeto de pasatiempo para hablar de lo que sentimos.
El mismo planteamiento recorre sus esculturas humanas: el rojo, el azul, las siluetas que se deshacen en cascadas de ladrillos. Su trabajo es obsesivo y meticulosamente elaborado. La capacidad de Sawaya para transformar unas piezas de LEGO en algo nuevo, su devoción por la perfección de la escala y del color, la forma en que concibe la acción de la materia, le permiten situar un juguete común en el territorio del arte.
Una exposición que recorre el mundo
Su primera exposición individual en un museo fue en la primavera de 2007, en el Lancaster Museum of Art. De allí nació The Art of the Brick, una muestra itinerante que se inauguró ese mismo año y que, según su propio autor, fue la primera dedicada exclusivamente a los bloques como medio artístico. Ha pasado por Melbourne (Federation Square, 2011), Taipéi, Singapur (ArtScience Museum, entre 2012 y 2013) y Nueva York, donde desembarcó en Discovery Times Square en junio de 2013.
Lo que se muestra en esas salas es una conversación entre la arquitectura y la escultura. Los LEGO son, al fin y al cabo, el módulo perfecto: una malla cúbica que permite construir curvas, volúmenes y vacíos con una gramática estricta. Es una pasión por el módulo y la repetición que ya recorrimos en la LEGO House de Billund; y también nos detuvimos ante las esculturas de papel de Matthew Shlian o las esculturas digitales de Chad Knight, que hacen lo mismo con otras materias: obligan a mirar de nuevo lo que daba por sabido.
Sobre su obra, el propio Sawaya ha dicho querer elevar este sencillo juguete a un lugar al que nunca había llegado. Su web, brickartist.com, recoge sus exposiciones.
Ficha
- Artista: Nathan Sawaya (Nueva York); escultor con bloques LEGO desde 2004.
- Obras citadas: Yellow (más de 11.000 bloques), puente de Brooklyn, tiranosaurio.
- Exposición: The Art of the Brick, itinerante desde 2007.


